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El diagnóstico microbiano, gran reto en neumonía

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Ene 2018

El diagnóstico microbiano, gran reto en neumonía

En los países desarrollados es la sexta causa de muerte y la incidencia es de entre 2 y 15 casos por cada 1.000 personas/ año, algo superior en mayores de 65 años. La neumonía continúa siendo un problema grave de salud. Su mayor riesgo es la muerte y, en segundo lugar, la aparición de complicaciones como la insuficiencia respiratoria y/o cardiovascular. Estudios epidemiológicos recientes muestran que, tras sobrevivir a una neumonía, la mortalidad ajustada por edad y por la patología de base del paciente es superior incluso hasta 10 años después.

La investigación y la experiencia han deparado avances significativos en su prevención y manejo, pero en pleno siglo XXI aún hay preguntas sin respuesta y algunos retos por superar. El primer problema que se plantea es el diagnóstico, tal y como pone de manifiesto la jefa del Servicio de Neumología del Complejo Hospitalario de La Coruña, Carmen Montero: "Es necesario mejorar las pruebas diagnósticas para saber cuál es el germen que causa la neumonía. En más del cincuenta por ciento de los casos no se conoce".

Mejorar el pronóstico

Para la directora del Área Clínica de Enfermedades Respiratorias del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, Rosario Menéndez, otro desafío principal es conocer mejor la respuesta del huésped frente al microorganismo para mejorar el pronóstico: "Además de conocer los microorganismos causales, es clave evaluar la respuesta inmunológica innata y adquirida". De esta forma, se podría tratar la neumonía por partida doble: antibióticos frente a microorganismos y tratamiento adyuvante para mejorar la respuesta del paciente.

Las dificultades diagnósticas se producen fundamentalmente en las primeras horas y en personas mayores porque suelen presentar menos síntomas o más inespecíficos. Ante una clínica sugestiva de neumonía, hay que buscar una confirmación radiográfica (radiografía de tórax en dos proyeccones), reconocer la gravedad mediante escalas validadas para la adecuada ubicación del paciente y seleccionar así el tratamiento antibiótico. "Confirmar adecuadamente el diagnóstico facilita el uso correcto de antibióticos, la rapidez en su instauración y evitarlos en casos innecesarios", apunta Menéndez.

Tratamiento adicional

Y es que la instauración del tratamiento ha de ser rápida porque mejora el pronóstico: "Se evitan las complicaciones, como la bacteriemia o el derrame pleural", comenta Montero. En este sentido, Menéndez añade que, en el momento del diagnóstico, hay que comprobar si existe fallo de algún órgano para iniciar simultáneamente el tratamiento específico y buscar posibles complicaciones que requieran algún tratamiento adicional.

Biomarcadores

Las escalas de pronóstico que ayudan a establecer el riesgo de muerte en el momento del diagnóstico son un avance destacado de los últimos años. También se conoce mejor el uso de biomarcadores para el manejo de neumonías, útil en el diagnóstico, para valorar la estabilidad clínica y para el alta hospitalaria.

La eficacia de los antibióticos es muy alta (el 90 por ciento de los casos responden bien), ya que las recomendaciones de las sociedades científicas incluyen aquellos que son adecuados a los microorganismos causales de la neumonía. En el área del tratamiento, las dos especialistas señalan otra asignatura pendiente: mejorar la eficacia de los antivirales. 

En cuanto a la prevención, la estrategia en adultos pasa por las vacunas antigripal y antineumocócica en los grupos de riesgo, además de la abstención de tabaco, el consumo responsable de alcohol y una adecuada higiene bucodental. La capacidad de prevenir la gripe con la vacuna es aproximadamente del 70 por ciento y, si se presenta la enfermedad, es más atenuada y con menos complicaciones. La nueva vacuna conjugada neumocócica 13 valente previene el 45 por ciento de la neumonía neumocócica causada por los serotipos contenidos en la vacuna y el 75 por ciento de la enfermedad neumocócica invasiva, la más grave.

Uno de los factores de riesgo más importantes es que exista una enfermedad crónica como EPOC o bronquiectasia. Según Menéndez, con especial énfasis se debe vacunar a la población inmunocomprometida y a quienes hayan padecido una enfermedad invasiva con S. pneumoniae.

 

Fuente: correofamaceutico.com

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